Esta noche me emborracho

>> 6 oct 2011

Uno de mis tangos favoritos es "Esta noche me emborracho" de Enrique Santos Discépolo. Así que hoy voy a hablar de él. Corrijo, el que va a hablar en realidad es José Pablo Feinmann. Ahí vamos.

"Esta noche me emborracho (1928) plantea el paso del tiempo como destrucción de los sueños. Y el tiempo como camino ineludible hacia la muerte a través de la decadencia física, que expresa también la muerte del amor. El tipo ve a su 'dulce metedura', a la mujer que lo volvió loco diez años atrás, salir de un cabaret. La ve hecha 'un cascajo'. Un cascajo, para mayor desdicha, patético, ridículo. La ve 'chueca, vestida de pebeta, teñida y coqueteando su desnudez'. La ve como 'un gallo desplumao'. La ve con 'el cuero picoteao'. Raja 'pa'no llorar'. Recuerda las cosa que hizo por ella. Porque ella era hermosa. Lo era diez años atrás. El tipo se 'chifló por su belleza'. Entra, entonces, el tema recurrente de la madre. La máxima deshonra es haberle quitado 'el pan a la vieja'. Aquí radica el mayor dolor. Le hizo pasar hambre a la vieja para darle a este cascajo lo que sus caprichos pedían. Pero es la estrofa final la que revela lo que podríamos llamar 'el revés de la trama'. Lo no dicho en el poema. El tipo dice: 'Fiera venganza la del tiempo/ que nos hace ver deshecho/ lo que uno amó'. Sin embargo, ¿sólo en ella ve la fiera venganza del tiempo? ¿Y si la imagen de la mina vencida lo remite a sí mismo? El, ¿cómo está, cómo se ve, es o no es otro cascajo? La fiereza del tiempo los tiene que haber atrapado a los dos. Acaso el terror del tipo es haber visto en ella lo que no quería ver en él. Que el tiempo pasa, destruye, se venga. ¿De qué se venga el tiempo? De lo que uno amó. Es como si el tiempo disfrutara destrozando lo que uno se permitió amar porque no se está en el mundo para amar o porque el amor es imposible. Quien se atrevió a hacerlo verá destruido su sueño. 'Este encuentro me ha hecho tanto mal/ que si lo pienso más/ termino envenenao.' El encuentro es un encuentro-espejo. Ve en ella lo que también es él. ¿Qué hace él, solo, porque es evidente que está solo, a la salida del cabaret, de madrugada? ¿Qué buscaba ahí? ¿Entraba o salía del cabaret? Raro que pasara de casualidad. No se anda de casualidad por esas geografías. Además, lo confiesa: '¡Mire, si no es pa'suicidarse/ que por ese cachivache/ sea lo que soy..!' Que el tiempo les haya cobrado a los dos la insolencia de amarse. 'Fiera venganza la del tiempo' es una de las líneas más excepcionales de Discépolo. El tiempo se venga de todo. El tiempo nos quiebra. El tiempo nos mata. El tiempo es la Muerte que nos llama. Por eso es fiero. Es feroz, encarnizado, es violento. Nada se puede hacer contra eso. 'Este encuentro', dice el tipo, 'me ha hecho tanto mal.' ¿Cómo no lo va a trastornar ese encuentro si en él vio el sinsentido de la vida, aquello en que se transforman las cosa que se amaron, que se creyeron eternas, eternamente bellas, eternamente jóvenes, como él, como el tipo? No quiere pensar más. ¿De qué sirve pensar? Pensar es envenenarse. 'Si lo pienso más, termino envenenao.' Sólo queda la negación, el olvido momentáneo del alcohol, que será olvido de una noche, la esperanza de que no pase al día siguiente, que se quede atrás, en la madrugada, en ese cabaret. Quién sabe, por ahí ocurre eso. El alcohol todo lo puede. Y el poema termina proponiendo la curda, último refugio del tanguero, antesala del 'cachá el bufoso y chau', el sueño, el sueño pesado, el sueño sin sueños, el de la entrega. 'Esta noche me emborracho bien/ me mamo bien mamao/ pa'no pensar'. Excepcional es la identificación del 'pensar' con la obsesión. No hay que pensar. Pensar es torturarse. Pensar llevará a ver la verdad y verla será intolerable. El dolor supremo. Se trata de calmar ese dolor. O mejor: de sofocarlo, de tornarlo imposible. Por eso se va a emborrachar 'bien'. Se va a mamar 'bien mamao'. O sea, no como cualquier otro día, sino con una eficacia trabajada, profesional. Pondrá toda su sabiduría de curda para frenar con el alcohol todo cuanto pueda filtrarse de la realidad. Que nada entre. Que nada me obligue a pensar. Porque no quiero saber lo que sé, lo que descubrí: ese cascajo, ese gallo desplumao, ese cachivache que hoy vi en la madrugada, a la salida del cabaret, soy yo."






Yo lo cantaba con voz de nenito triste y ella se reía mucho, incluso varios años después de que perdiera toda la gracia. Fiera venganza la del tiempo.

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