A la vejez...

>> 9 mar 2014

Hay cosas que en mi casa de soltera no se hacían jamás de los jamases so pena de que me brotara y comenzara a golpearme la cabeza contra la pared.
En la cama, por ejemplo, no se comía nunca. Jamás. Nunca de los nuncas. Odio las migas en la cama.
Los libros es otro ejemplo, se ordenaban por género y luego por autor, porque ese es mi propio orden y porque me gusta así.
Mi cartuchera de la facultad era in-to-ca-ble, lo que salía de ahí, ahí volvía o me ponía nerviosita.
La caja de herramientas, prohibición absoluta de desordenarla.
Bien, una vez dicho esto, tengo que decir esto otro:
Me descubro durmiendo con la cama llena de migas y estoy tan cansada que ni me importa. Mi mujer ordenó los libros según su propia versión y es una versión estética, obvio que no encuentro nada nunca, pero tampoco tengo mucho tiempo para buscar, la verdad sea dicha. Mi cartuchera de la facultad cada día tiene menos cosas adentro y no tengo idea dónde están ni me preocupa. Y la última vez tuve que correr a Tata por todo el patio para que me devolviera una cantidad de arandelas que me había afanado de la caja de herramientas.
Y no me estoy dando la cabeza contra la pared. O me estoy volviendo vieja o tolerante, no estoy segura. Creo que lo primero.

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