Yo confieso

>> 16 may 2011

Woody Allen.
No me gusta Woody Allen.
Y no. Digo... todo bien con él, pero sus películas si bien no me parecen malas, tampoco me matan de risa ni de espanto ni de suspenso ni de rabia ni de impotencia ni de nada... Eso, no me matan.
Tiene salidas muy buenas, diálogos muy buenos, todos los actores son geniales y sin embargo no terminan de gustarme. Es como si todas las partes por separado fueran geniales, pero la suma de las mismas no fuera tan genial, sino sólo buena...
Acá es cuando salen todas y todos a incinerarme y no me importa nada ni me da verguenza.
No me gusta Woody, no me gustan sus películas, no me gusta él como actor, no me gusta na-da. Tampoco lo odio [como sí odio a Mr.Bean, por ejemplo, sin ánimos de querer compararlos], simplemente me es indiferente.
¿Merezco la horca?

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Bichas

Serpientes.
Cincuenta.
Un manojo de bichas de las que se arrastran.
No, en realidad cuarenta y nueve porque había vendido una.
Las críabamos con mi mamá, las teníamos en unos tupper con agujeritos, había grandes y pequeñas. Yo empezaba a preguntarme a quién se le había ocurrido la maravillosa idea de criar víboras con lo feas que son y con el miedo que les tengo... y había sido yo nomás, así que cerré mi boquita.
El punto es que había que darles de comer y las bichas estaban como locas.
Mi mamá decía que había que darles una cucharada de tomates perita enlatado a cada una semana por medio. Yo no podía imaginar cómo iba a meter una cuchara en la boca de las más chicas y sí podía imaginar mi mano en la boca de las más grandes.
Investigo en internet y resulta que hay que prepararles una especie de puré con cebollas picadas y atún y no sé qué mierda más, pero que ese puré es diario. Los ratoncitos les duran tres meses.
Me niego rotundamente a comprar ratones vivos y me voy a dormir en un jergón de paja. Mamá abre uno de los tuppers y las bichas salen y se me vienen encima. No me atacan, sólo me miran y odio que lo hagan, le pido a mamá que las saque, que no me miren más, me levanto y decido ir a comprar los putos ratones. Mamones para las más chicas, grandes para las otras. Y me dan lástima, sí, pero prefiero eso a que las bichas me acosen.
Comienzo a pensar de qué manera las voy a alimentar, se los tengo que dejar en el tupper y soltarlas ahí, pero si tengo olor a ratón por ahí me muerden... ¡Me cago en la idea de criar serpientes para vender!
Me despierto.


Este blog se está convirtiendo en un blog onírico... que se sepa.

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