Abriendo puertas II

>> 13 may 2012

Jueves. Momento previo a la clase de Lecto y estamos tomando unos mates en el parque cuando llega mi compañero, antes llamado Eduardo, pero que realmente se llama Rodolfo.
- Hola - saludo - ¿Cómo va?
- Mal.
- Ups. ¿Qué pasó?
- Se aprobó la ley.
Ay, dios. Si empieza con la ley de identidad de género voy a encontrar un mejor destino para el termo que tengo en la mano.
- ¿La ley de identidad de género? ¿Te molesta?
- No. Esa también, pero me refería a la ley de muerte digna.
- ¿Y cuál es tu problema con esa ley?
- Mi papá me enseñó que se vive dignamente, no que se muere dignamente.
- ¿Pero vos tenés la más mínima idea de lo que implica esa ley? Si tenés una enfermedad terminal y te vas a morir igual, no dentro de dos años, ahora, hoy, mañana o pasado o el mes que viene, ya te vas a morir, estás sufriendo como un hijo de puta...
- Yo quiero vivir.
- Buenísimo. Vos. Otra gente no, otra gente prefiere dejar de sufrir si no hay esperanza de mejoría o cura.
- Pero vos no sabés lo que siente esa otra gente, la que está en estado vegetativo por ejemplo.
- Ah... vos decís que si tenés un accidente y quedás en estado vegetativo durante..., no sé..., ponele..., dos años, con muerte cerebral declarada, querés que te mantengan vivo.
- ¡Y yo quiero seguir viviendo!
- ¿Y eso es seguir viviendo?
- Para mí, sí.
- Bueno, para vos. Entonces a vos te mantenemos con respirador y te damos de comer por un tubito, los que no piensan igual, eligen la otra opción.
- No me parece que esté bien. Y lo de cambiarse el nombre tampoco.
Estoy convencida de que un día de estos lo voy a matar. Que se sepa. El que avisa no traiciona.
- Identidad de género, querrás decir. 
- Sí. Yo no sé lo que es sentirse mujer, para sentirme mujer tengo que haber nacido mujer.
- Vos mezclas conceptos. Eso pasa.
- No.
- Sí. Una cosa es el sexo biológico con el que naciste, otra distinta es tu identidad de género y otra, ya que estamos, es tu orientación sexual.
- Que me guste un hombre no me convierte en mujer.
- ¡No, claro que no!
- A vos te gustan las mujeres, ¿cómo tengo que tratarte?
- ¿Cómo que cómo me tenés que tratar?
- Claro, ¿qué te digo? ¿sos hombre o sos mujer?
- ¿Te parezco un hombre?
- ¡Y no sé, te gustan las mujeres!
Miro a mi alrededor y algunas de las chicas me dicen que no con la cabeza, que de por terminada la discusión antes de que llegue a la violencia física.
- Mi nombre es Gabriela, por empezar me podés decir así.
- Bueno, pero te gustan las mujeres, ¿vos te sentís un hombre?
- ¡No! ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
- Y no sé...
- Estás confundiendo términos, ya te dije. ¿De qué querés hablar? ¿De la ley de identidad de género? Bueno, eso no tiene nada que ver con la orientación sexual.
- Pero yo no sé lo que es sentirse mujer.
- Ok, vos no. ¿Por qué generalizás y como vos no podés creés que el resto del mundo es igual a vos?
- Porque yo supe lo que es sentirse un hombre cuando tuve a mi hija.
- Ah, ¿sí? Mirá vos..., ¿y vos decís que para sentirme mujer tengo que ser madre?
- ¡Y sí! ¡Eso es lo que te convierte en mujer!
- Estoy a punto de tirarte con algo, nene...
- No, no quiero ofenderte, entendé eso, yo quiero entender.
- Pero no estás escuchando. Te parás ahí y decís las barrabasadas que decís sin apelar a un mínimo de raciocinio de tu parte. Escuchá, estás mezclando términos. Vos naciste con un sexo biológico llamado "masculino", podría no haber sido así, podrías no sentirte cómodo con el sexo biológico con el que naciste, podrías estar disconforme, podrías querer ser distinto, y eso no tiene nada que ver con que te gusten las mujeres o no, eso es otra cosa.
- Pero, aunque me opere, jamás voy a sentirme mujer porque no puedo, no sé cómo es...
- ¡Vos! ¡El mundo, gracias a Dios, no es como vos!
- Dios hizo al hombre y a la mujer.
- Y ahí vamos..., ¿y?
- Y si todos fuéramos gays, si el 80% del mundo fuera gay..., nos extinguiríamos...
- ¿Vos me estás jodiendo?
- ¿Y cómo tendrían hijos?
- Que sea torta no me convierte en infértil, eh? Te lo aclaro por las dudas...
- Pero no podés tener hijos.
- ¿Cómo no voy a poder? ¡Re puedo!
- Pero, ¿cómo?
- Tratamiento de inseminación si quiero ser medianamente razonable, si tengo ganas de mentirle a alguien me puedo acostar con un tipo, me embarazo, no se entera en su vida y listo, sólo que no tengo ganas de empezar una maternidad desde una mentira, pero podría, claro...
- Pero sería tu hijo, no el de tu..., amiga, novia, novio, no sé cómo llamarlo.
- Novia. Es esta, mirá - le muestro una foto en el teléfono -. ¿Vos creés que un hijo lo da la biología? ¿En serio creés que madre es quien gesta? ¿Y los hijos adoptados? ¿Son menos hijos que uno propio? ¿Tienen una categoría menor?
- Es linda... Pero eso es para gente que no puede tener hijos.
- Sí, qué problema, las tortas no somos todas feas, viste? Sos un obtuso. O sea que los hijos adoptados tienen una categoría menor, pero se los damos a los que no pueden tener hijos porque total se conforman con cualquier cosa...
- No, pero...
Y llegó la profesora y lo salvó de una puteada, pero, increíblemente siguió en clase.
- Además - dice alto - nos están sacando derechos a los heterosexuales.
- ¿Perdón? - y me doy vuelta porque ahora sí lo mato - ¿Qué derechos? Nene, hasta hace nada yo era una ciudadana de segunda que no podía casarse, no podía darle la obra social a mi pareja, no podía pedir días por enfermedad si a ella le pasaba algo y ni soñar con decidir sobre su vida y, por supuesto, no podía ni heredarla ni que mis hijos la heredaran si algo le pasaba. Ciudadana de segunda, pero pagando impuestos como ciudadana de primera. ¿Qué derecho se te sacó? Vos te juntabas con la mujer que se te cantaba y, llevara a tu hijo en la panza o no, firmabas como el padre y listo, es más, te agarraba cualquier mujer que acabara de parir por la calle y estuviera yendo al registro civil a anotar a su hijo y, sin ningún problema, para la ley eras el padre, nadie te preguntaba nada. Yo no podía ni ir a buscar a mis hijos al colegio sin autorización de la madre que lo había parido, por muy pareja mía que hubiera sido durante cuarenta años, yo tenía que comprobar con testigos que co-no-cí-a a la mujer que parió a mi hijo para iniciar una acción legal, presentar fotos, pruebas, cualquier documento que tuviera, si a ella se le antojaba irse con mi hijo. Yo, buscando un hijo, tuve que pensar en situaciones extremas porque la ley no me amparaba, o no amparaba a mi mujer, tuve que pensar en qué pasaba si me moría, saber que las decisiones sobre mi hijo no iban a recaer en su otra madre sino en mi familia que, menos mal, estaban a favor de la relación, sino hubiéramos tenido que replantearnos la gestación. Mientras yo hacía cáculos extremos, vos pensabas nombres. ¿Cuál es tu problema? ¿En qué te molesta la ley de matrimonio o la de igualdad de género?
- ¡Me molesta!
- Bueno, analizate, nene...

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"Esto"

Hace frío afuera, pero adentro está calentito. La estufa prendida, música baja, ella y yo arrellanadas en sendos sillones enfrentados. Ok, la arrellanada es ella, envuelta en una manta como si adentro la temperatura fuera de -14°. La música suena baja y le estoy leyendo cosas que me gustan. La música es ecléctica como yo, pasan con tanta liviandad tanto Armstrong como Chayanne, 20 gb de música en función random. A veces hago silencio para escuchar y subo un poco el volumen.
Estoy leyendo a Galeano, El Libro de los Abrazos, cuando ella dice:
- Amor, ¿podemos pasar esto?
Hago silencio y escucho.
- No. "Esto" es Bach. "Esto" no se pasa, es un movimiento de la suite 4. "Esto" es de lo más maravilloso que existe en la música. "Esto" se queda.
- Ufa.

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